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Bienvenido al burdel de las palabras,
dónde las más putas palabras
se desnudan para deleitar tus oidos,
excitar tus sentimientos
y empalmar tus emociones.

domingo, 22 de septiembre de 2019

Hola, hace tiempo que quiero escribirte. Pero no lo hago porque no tengo nada nuevo que ofrecer: me sigue molestando la gente, me moriría si la nevera dejara de funcionar, mentiría cuando viera todo en peligro; sigo dando vueltas a las mismas cosas que desde entonces (más roídas aún si cabe), aún no aprendí a callarme ante muleros ni fascistas, ni mucho menos he conseguido eliminar esa manía que tanto odiabas, la de perderme en deseos de perecer.

Hola, hace tiempo que quiero escribirte. Pero ya voy siendo nada comparado con el de antes: que los bucles son más ensortijados, la abulia es continua y la apatía es quien marca mis noches, y los días.
Que la desgana es la que me levanta, la que me viste y me acuesta (el que no salga de la cama, es cosa mía).

Hey, que hace tiempo, que me hubiera gustado el poder tener fuerzas para... para poder cambiar mi suerte. El poder narrar que se sale, que estar presente cuesta lo que vale; con su coraje, sus agallas y sus cesiones (a su cabeza, para que calle y no grite lo que el corazón tampoco puede).

Hola, hace tiempo que pienso en escribirte. Por curiosidad, la otra noche soñé contigo. 
¿De verdad que no entienden por qué no duermo? Esos son los motivos (excusas) por los cuales entra el amarguillo.

---"Adiós", en la estación de autobús.---


Pero ya ves, soy un caso perdido. Sigo lamentando el que no puedo escribirte en vez de lamentar que no vivo.

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